Una de las principales problemáticas y fenómenos educativos en Colombia y América Latina, basado en la educación superior, es la deserción estudiantil, la cual sin lugar a dudas obedece a causas multifactoriales que generan presión sobre el estudiante para cumplir sus objetivos de graduación. Mediante un recorrido general de revisión de literatura se puede inferir que la deserción se origina fundamentalmente por factores económicos, sociales, familiares, psicológicos.
Constante (2020), citado por Orellana et al., plantea que el “abandono de los estudios universitarios es un fenómeno que puede ser provocado por factores académicos, económicos, personales y sociales. Las causas académicas incluyen dificultades en el rendimiento. Las causas económicas se relacionan con la falta de recursos financieros. Las personales abarcan problemas de salud y responsabilidades familiares. Lo cual, puede provocar efectos de largo alcance en la sociedad, lo que afecta el desarrollo económico, las habilidades de los individuos y la práctica social”
Cabrera et al. (2006), citado por López et al., “identificaron como causas de la deserción el bajo interés vocacional, la escasa motivación y el bajo dominio de habilidades para adaptarse a los cambios”, mientras que para Savickas y Porfeli (2012, citado por López) “la adaptación está motivada por el objetivo de encontrar el equilibrio entre las necesidades internas y las oportunidades externas”
Por su parte para Chiarino et al., (2024) plantea que “existe consenso acerca de entender el abandono a nivel de la ES como un fenómeno complejo, dinámico y multicausal. Sobre este último se identifican una serie de dimensiones: individual, académica, económica, institucional y cultural”. Continuando con el mismo autor y desde una óptica sicologista encuentra que las características del estudiante inciden en la deserción tales como “la autoeficacia, el estilo atribucional, el afrontamiento, entre otras […] el estudiantado ingresa a la universidad con una serie de características psicológicas preexistentes que inciden en la interacción con el ambiente institucional” (Chiarino, 2024)
Comprender la deserción estudiantil pasa por comprender el estudiante singular, no es un fenómeno de masas, sino un fenómeno que interpela la realidad de los jóvenes desde su propia y particular significación, no obstante, la lectura de factores comunes y tendencias de los fenómenos de la educación y sus desafíos; Carli (2012) expresa que “la universidad se convirtió en un ámbito de inclusión, pero también de resonancia de problemáticas sociales de diverso orden”.
Allí se encuentra entonces un universo de experiencias donde el estudiante desarrolla sus propios procesos de aprendizaje, adaptación, socialización, y proyección de futuro, no siempre ajeno al influjo de dificultades, brechas, conflictos, que se manifiestan en sus entornos familiares, societales y de la misma comunidad universitaria, generando efectos muchas veces contradictorios en relación al aprendizaje y la conexión con la realidad. En relación a la experiencia Carli (2012) reconoce que representa “una categoría problemática pero fértil para construir un relato histórico mas complejo de la vida universitaria, al mismo tiempo que invita a buscar parecidos de familia y articulaciones teóricas posibles” por su parte Santos (2022) el relato, la significación, la experiencia permiten pensar nuevas formas de lo común “el cruce entre las transformaciones recientes en la universidad (pandemia) y lo que la juventud espera de ella permite comprender mejor a la educación en un nuevo contexto”
La experiencia del estudiante determina o moldea su visión de futuro o las expectativas que tenga con relación a su proyección profesional, sin embargo, en muchos casos los jóvenes de hoy habitan líneas de presente, que nos les permite tener claridad sobre su futuro, lo que los lleva a niveles de incertidumbre que prefieren no sortear, sobre todo en el entendido de un contexto y entorno cada vez mas complejo.
La visión de futuro y la esperanza, como la posibilidad de un bien que aún no se tiene, pero se anhela, es un elemento que ancla las posibilidades de algo cierto, en medio de lo incierto, que al final constituye un motor o fuerza que impulsa no solo las competencias y habilidades cognitivas sino también socio-emocionales del estudiante en entornos complejos, incluso conflictivos y problemáticos.
A partir de una encuesta a 148 estudiantes universitarios, realizada por mi persona en el marco de un seminario de Doctorado, se abordaron entre otros, preguntas sobre el sentido vocacional y la proyección de futuro y esperanza en cuanto el contexto de proyección profesional e inserción laboral.
Frente a la pregunta ¿Qué le llevo a decidir estudiar lo que está estudiando?, Dentro de las opciones posibles, ahondado en una pregunta de sentido vocacional, el 32,4% manifiesta que tiene claro estudiar la carrera que eligió, junto con un 23% que responde es lo que se ven haciendo el resto de la vida; configurando con ello un 55% de elección vocacional definida; mientras que el 45% amplía el espectro de respuestas posibles, donde por ejemplo el 10.8% responde que decidió estudiar la carrera que cursa porque fue la opción que resultó del examen de admisión, el 7.4% la eligió porque se gana buena plata, mientras que el 12.9% eligió su carrera porque lo recomendó un familiar o es lo que estudió alguien conocido o cercano.

En la pregunta ¿En las circunstancias actuales del mundo (geopolíticas, sociales, económicas, laborales) siente que su carrera tiene fácil entrada al mercado laboral? Mayoritariamente el 40.5% manifiesta en tener esperanza que le será fácil una vez graduado encontrar trabajo y un 37.8% se reafirma en que si le será fácil. En la otra orilla el 6.8% considera que no y el 3.4% no ha pensado en el tema de inserción laboral. Llama la atención que el 11.5% desea crear su propia empresa.

Otra de las preguntas plantea ¿En qué tipo de sector se visualiza trabajando? Frente a las expectativas del futuro laboral, el sector donde se visualizan trabajando es en un 30.4% en el privado, le sigue el público con un 27%, el diplomático el 0.7%, mientras que el 15% desearía ser emprendedor, y un 35.8% trabajaría en lo que salga o no lo sabe aún.

Ahondando en la percepción de la esperanza, se pregunta ¿Cómo definiría la esperanza entre las siguientes opciones? mayoritariamente el 32.4% se acerca a la respuesta “como la posibilidad de que algo se cumpla de la manera que necesito o quiero”, le sigue en un 22.3% “como una alternativa posible en medio de las dificultades”, en un 20.3% manifiesta concebir la esperanza “como un confiar en Dios (dentro de su concepción religiosa o espiritual) para que se den las cosas, se muestre el camino”, mientras que el 17% “como una fuerza que me da valor y paciencia”, otras respuestas, el 5.4% “como un azar del destino donde me vaya bien” y el 2.8% responde sus propias definiciones.

Finalmente, en esa conexión de visión de futuro, esperanza, graduarse, se pregunta a los estudiantes si tienen esperanza, conectando la respuesta anterior, el 73% de los estudiantes afirma que sí, en tanto el 27% responde que no, un poco, a veces ha perdido la esperanza o no ha pensado en ello.

Al final, entre más alta sea la conexión entre visión de futuro, esperanza, que en si mismo da sentido de vida, la incidencia en la deserción estudiantil podría ser mucho menor; sin dejar por supuesto a un lado, factores socioeconómicos y de adaptación.
Bibliografía
Chiarino, N., Rodríguez Enríquez, C., Curione, K., Machado, A., Bonilla, M., Aspirot, L., Garófalo, L., & Olveira, B. (2024). Abandono y permanencia estudiantil en universidades de Latinoamérica y el Caribe: Una revisión sistemática mixta. Actualidades investigativas en educación, 24(2), 1–37. https://doi.org/10.15517/aie.v24i2.57306
López-Aguilar, D., Álvarez-Pérez, P. R., & Ravelo-González, Y. (2022). Capacidad de adaptabilidad e intención de abandono académico en estudiantes universitarios. Revista de Investigación Educativa, 40(1), 237–255. https://doi.org/10.6018/rie.463811
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Carli, Sandra (2012) El estudiante universitario. Siglo XXI editores.
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Ricaurte, Karla y otros. (2025) La educación superior en América Latina y el Caribe: avances y retos; documentos de apoyo para la CRES+5. UNESCO